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Bebes y Niños

Probióticos para tratar a bebés estreñidos

Bebes y mas - Vie, 09/07/2010 - 15:10

Hace pocos días comentábamos que el probiótico lactobacillus reuteri podría ser una buena solución para los cólicos‏ y ahora conocemos que éste mismo probiótico podrían ser beneficioso también para tratar a bebés estreñidos.

La función de estas bacterias “buenas” es la de equilibrar las poblaciones bacterianas en los intestinos, impidiendo que causen daños y enfermedades. Estos podrían ayudar a aliviar los síntomas de los pequeños con estreñimiento crónico, uno de los problemas gastrointestinales más frecuentes en la infancia.

Es muy frecuente que el estreñimiento aparezca en los bebés cuando empieza a introducirse la alimentación sólida, a partir de los seis meses.

Un estudio realizado en la Universidad de Nápoles, Italia, ha comprobado los efectos del probiótico lactobacillus reuteri en niños que no iban al baño con regularidad.

Al comenzar el estudio, los bebés movían los intestinos menos de tres veces por semana, mientras que a la octava semana de administrarles probióticos una vez al día, lo hacían cinco veces.

El estreñimiento es en ocasiones muy problemático para el bebé, quien llora sin consuelo, tiene dolor de tripa y se vuelve extremadamente irritable. De hecho, otro estudio hablaba de que los niños estreñidos podrían tener problemas de comportamiento pues esta molestia constante acaba afectado su carácter.

Los probióticos no tienen efectos secundarios por lo que de corroborarse sus beneficios (se necesitarán más estudios al respecto) podría tratarse de una solución más natural y mejor tolerada que los medicamentos.

De todas formas, los expertos no recomiendan utilizar los probióticos como primera medida, sino primero intentar otras como por ejemplo modificar la dieta del bebé aportando mayor cantidad de fibra y líquidos.

Vía | MedLine Plus
Más información | Journal of Pediatrics
Foto | TheGiantVermin en Flickr
En Bebés y más | Estreñimiento infantil: qué hacer, ¿Qué hacer si mi hijo está estreñido?

Cuanto más contacto, mejor crecimiento y desarrollo‏

Bebes y mas - Sáb, 03/07/2010 - 09:00

Seguro que muchos habréis visto la película “Los padres de ella“, en la que Robert de Niro protagoniza el papel de un abuelo que intenta evitar que Ben Stiller (“Gay Lo Follen”), haga demasiado caso o incluso coja en brazos a su nieto, que pasa largas horas en la cuna, incluso cuando está despierto.

No lo cojas, que lo estamos ferberizando“ es la frase que le dice, aludiendo a que están utilizando el método Ferber (muy similar al aquí llamado método Estivill), en que evitan darle mucho contacto para conseguir que el niño se haga independiente.

El caso es que, como hemos comentado en muchas otras ocasiones (hace pocos días, por ejemplo, con la entrevista de Carlos González), la mayor parte de la sociedad sigue convencida de que los bebés y los niños, para crecer y desarrollarse adecuadamente, deben acostumbrarse a vivir con poco contacto y con pocos brazos.

Curiosamente, al mismo tiempo que diversas voces repiten una y otra vez que “no les demos demasiados brazos” hay quien dice (a veces incluso son los mismos) que los masajes son muy beneficiosos para los bebés. Ante este “¿y en qué quedamos?”, os comento un estudio realizado con bebés prematuros que concluye que el contacto con los bebés es primordial para su crecimiento y desarrollo.

El estudio en cuestión data de 1984. Sí, lo sé, tiene más de 25 años y aún tenemos que luchar para demostrar a los padres, a los abuelos, a los profesionales de la salud, a los psicólogos y psiquiatras, a los defensores del menor y a los contertulianos de los programas de debate que los niños pequeños necesitan contacto y caricias para crecer y desarrollarse saludablemente y que el amor, por sí solo, no crea seres incapaces socialmente, ni mucho menos.

Un cuarto de siglo y aún tenemos que hablar de las bondades de los masajes y de lo necesario que es para los bebés vivir cerca, muy cerca, de su madre. Qué le vamos a hacer, si hay que seguir hablando de ello, seguiremos haciéndolo (yo personalmente sólo soy uno más que se ha sumado al carro, así que tengo mucha energía todavía para seguir con ello 25 años más, por lo menos).

En qué consistió el estudio

Entrando a hablar del estudio, se trata de una investigación realizada con 20 recién nacidos prematuros cuya edad gestacional era de 31 semanas, que contaban con un peso medio al nacer de 1,280 gramos y que llevaban un tiempo medio en la unidad de cuidados intensivos de 20 días.

A estos bebés se les hicieron diversas escalas y mediciones, valorando el crecimiento, el comportamiento durante el sueño y la vigilia y el rendimiento de la escala Brazelton (con la que se valora la calidad de respuesta del niño a determinados estímulos y se determina, a partir del resultado, la cantidad de estimulación que necesita).

A todos ellos se les aplicó un “tratamiento” basado, básicamente, en darles un masaje. El masaje consistía en acariciar el cuerpo de los bebés y hacer movimientos pasivos de sus extremidades en tres sesiones al día, cuya duración era de 15 minutos, durante 10 días.

Los resultados se compararon con otros 20 bebés de similares características que no habían recibido dichos masajes.

Los resultados del estudio

Todos los resultados confirmaron que los bebés necesitan contacto para crecer y desarrollarse. Los bebés que habían recibido estimulación ganaron un 47% más de peso que los del grupo control (promedio de 25 gramos al día vs 17 gramos), eran más activos, estaban más alerta y más orientados en los periodos de vigilia, mostraron una mejor respuesta motora, una mejor maduración y lograron una mejor puntuación en la escala Brazelton.

Además de todo lo comentado, estos bebés estuvieron ingresados 6 días menos que el otro grupo, generando un ahorro al sistema de salud de unos 3.000 dólares por niño.

Conclusión

Bien, no creo que haya que comentar nada que no sea evidente. El ser humano es sociable por naturaleza (por eso vivimos en sociedades) y demuestra la calidez y el amor mediante el uso del contacto y las caricias.

Los bebés se desarrollan mejor y crecen más estables y con una mayor autoestima en un clima cálido y amoroso que en un ambiente hostil y distante. Como la mejor manera de crear un clima donde abunde el amor y el cariño es mediante el contacto, las caricias y los susurros (entre otras muchas cosas), es lógico concluir que cuanto más contacto, mejor crecimiento y desarrollo tendrá un bebé, sobretodo si es en los primeros días, semanas y meses, que es cuando más inmaduros son ellos y por lo tanto cuando más lo necesitan.

Más información | Pediatrics
Fotos | Flickr – valentinapowers, JK and Rocky
En Bebés y más | No lo cojas en brazos, que se acostumbra, Masajeando tu bebé: Videos online de masajes para bebés, ¿Cuál es el mejor momento para dar un masaje al bebé?

Los lácteos en la alimentación infantil: inconvenientes de la leche artificial (II)

Bebes y mas - Jue, 01/07/2010 - 06:30

Hace dos días empezamos a hablar de los lácteos y derivados de la leche de vaca en nuestro “Especial Alimentación Infantil” y la primera entrada fue para el primer derivado de la leche de vaca que toman algunos niños: la leche artificial.

Para hablar de ella quise centrarme en términos de salud y, para hacerlo, comencé tratando los inconvenientes de alimentar a un bebé con leche artificial. Hoy, con esta entrada, continuamos con el tema.

Síndrome de la muerte súbita del lactante

Hay diversos factores conocidos que hacen que aumente el riesgo de muerte súbita del lactante, como son dormir en posición de decúbito prono (boca abajo), que alguno de los padres sea fumador, que haya una temperatura ambiental elevada, etc. y al parecer, el tipo de alimentación también tiene que ver.

Comparando bebés que toman leche artificial con bebés que toman leche materna de manera exclusiva durante 8-11 semanas, los primeros tienen un riesgo 2,8 veces mayor de padecer el SMSL.

Si se comparan de nuevo, pero esta vez con bebés que toman leche materna hasta los 12-15 meses, los que toman LA tienen un riesgo 4,6 veces mayor.

La explicación a este fenómeno podría ser por la alteración que la leche artificial produce sobre el sueño. Se ha observado que los bebés que toman LA tienden a tener un sueño más profundo y a despertar menos veces por la noche que los bebés que toman el pecho.

Si observamos los patrones de sueño de las personas mayores (los abuelillos), se observa que apenas llegan a entrar en fases de sueño profundo, se despiertan a menudo y tienden a dormir menos que cuando eran más jóvenes. Esto tiene una explicación: su salud es tan frágil, que llegar a dormir de manera profunda podría “desconectar” demasiado la mente del cuerpo haciendo que la persona no volviera a despertar.

Pues con los bebés pasa lo mismo. Se despiertan a menudo y no tienen apenas sueño profundo para que, en caso de apnea (que es la situación que precede al SMSL), se despierten fácilmente. Si en cambio, con la leche artificial, logran dormir más tiempo y de manera más profunda, el riesgo aumenta.

Mayor riesgo de enfermedades crónicas

La leche artificial no favorece la maduración intestinal ya que no tiene especificidad de especie (de hecho es leche de vaca, como hemos dicho, modificada) y carece de efecto inmunomodulador y antialérgico. Esto hace que el intestino del bebé sea más tiempo permeable a las macromoléculas (los bebés nacen con un intestino muy permeable y a medida que crecen van perdiendo esa permeabilidad, dejando pasar cada vez menos sustancias, por eso se retrasan algunos alimentos con el fin de evitar alergias e intolerancias).

Al ser el intestino más permeable en los bebés que toman leche artificial, son más frecuentes las alergias y enfermedades como diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, la celiaquía, la esclerosis múltiple, la artritis crónica juvenil, la leucemia y el linfoma.

Hablamos a menudo de la importancia de dar leche materna al menos hasta los seis meses, pues bien, hay estudios que demuestran que solo 4 meses de lactancia materna disminuyen el riesgo de padecer alergias a los dos años, protegen frente al asma, episodios de sibilancias, rinitis alérgica y de los síntomas graves de enfermedad alérgica.

Con respecto a la celiaquía, aparece antes y es hasta cuatro veces más frecuente en los bebés que toman leche artificial. Ahora bien, para que se produzca el efecto protector de la leche materna, el bebé debe ser amamantado mientras empieza a tomar alimentos con gluten y unos meses después de haber empezado.

Si hablamos de la diabetes mellitus tipo 1, que es una enfermedad autoinmune, existe una relación entre la alimentación con leche artificial los primeros 3-6 meses y el desarrollo de la enfermedad en personas genéticamente predispuestas.

En América, la AAP (Academia Americana de Pediatría) recomienda lactancia materna y evitar el uso de leches comerciales y otros productos que contengan proteínas de la leche de vaca durante los primeros 12 meses en familias con antecedentes de este tipo de diabetes.

En cuanto a la leucemia aguda infantil y los linfomas, se ha observado que amamantar durante más de seis meses protege contra estas enfermedades. Se ha relacionado la proteína alfa-lac, presente en la leche materna, con este efecto, ya que dicha proteína induce la apoptosis de las células cancerígenas y de otras células inmaduras y de rápido crecimiento y permite el crecimiento de las células ya maduras y estables.

La leche artificial, por otro lado, parece ser un factor de riesgo de obesidad. La razón podría ser el mayor aporte de proteínas y micronutrientes de la leche de fórmula, aunque tampoco se descarta la posible sobrealimentación que puede darse cuando un bebé toma biberón.

Cuando son bebés, las diferencias son mínimas, sin embargo se observa una mayor frecuencia de obesidad en los adolescentes que han sido alimentados con biberón. Cuantos más meses ha estado un bebé tomando leche materna, menor es la incidencia de obesidad en la adolescencia.

La presión arterial también parece tener relación con el tipo de alimentación de los bebés, ya que se ha visto que, a la edad de 7 años, los niños que fueron alimentados con leche artificial tienen una presión arterial sistólica significativamente superior que la de los niños que habían recibido leche materna, aunque no fuera de manera exclusiva, durante las primeras 15 semanas de vida.

Una de las enfermedades más graves de los bebés, puesto que tiene una mayor morbimortalidad asociada, es la enterocolitis necrosante. Los bebés alimentados con leche artificial tienen un riesgo significativamente mayor de padecerla, sobretodo si son prematuros, que han de vivir un tiempo en un medio hospitalario donde predominan gérmenes que pueden causar dicha enfermedad.

Peor desarrollo cognitivo

Diversos estudios han demostrado que el desarrollo intelectual de las personas que fueron alimentadas con biberón (la mayoría de adultos de hoy en día) es significativamente peor que el de los que fueron alimentados al pecho. Para hacer dicha relación se han eliminado factores de confusión como el nivel socioeconómico de los padres, por ejemplo.

En los bebés amamantados se observan mejores niveles de función cognitiva a los 6-23 meses, que en los que recibieron leche artificial. Dicha diferencia es más llamativa cuando se estudian bebés prematuros. Los beneficios en el desarrollo cognitivo son directamente proporcionales al tiempo que un bebé es amamantado.

Como digo, la mayoría de adultos de hoy en día fuimos alimentados con biberón. No es que tengamos ningún déficit por ello, sino todo lo contrario, si nos hubieran dado el pecho seríamos probablemente más inteligentes.

El vínculo afectivo

Seguro que todos habéis oído o leído que la lactancia materna ayuda a que se cree un vínculo afectivo sólido entre madre e hijo. Esto no quiere decir que la madre que da biberón no vaya a crearlo, sin embargo sí es cierto que, aquellos bebés que toman leche artificial están menos tiempo en contacto con sus madres y esto hace que haya más interferencias a la hora de vincularse.

El vínculo afectivo del que hablamos es la relación que se establece entre la madre y el bebé, que nada tiene que ver con el amor. Es decir, el amor entre madre e hijo es evidente. Aparece en el mismo momento en que la mujer sabe que será madre y se hace pleno cuando el bebé nace. El vínculo, en cambio, aunque depende del amor (sin amor, difícilmente habrá vínculo), puede llevar un camino diferente, ya que está más relacionado con el tipo de relación que se crea con el bebé.

Los bebés nacen todos con unas necesidades similares, que no quiere decir que todos tengan que ser tratados del mismo modo. Una madre acostumbrada a cuidar a su bebé de un modo que le resulta práctico, útil y eficiente podría fracasar estrepitosamente si tratara de hacer lo mismo con otro bebé de la misma edad. Esto quiere decir que todos los bebés tienen su personalidad propia, sus necesidades normalmente comunes, pero un modo de comunicarse propio que sólo su madre (o su padre) es capaz de llegar a comprender.

Esa relación de entendimiento, en que la madre comprende los sentimientos del bebé, sus requerimiento y lo que puede llegar a necesitar, a veces incluso antes de que lo pida, es lo que podría considerarse el vínculo afectivo entre madre e hijo. La madre siente que necesita atender a su hijo y de hecho quiere hacerlo y el bebé siente que necesita ser atendido y quiere que sea su madre la que lo haga. De este modo se crea una relación exclusiva en la que el bebé se siente amado y seguro y es capaz de crecer y desarrollarse de un modo placentero.

Dar el pecho a un bebé es, físicamente hablando, la unión de la boca del bebé, que viene de serie increíblemente desarrollada (tanto por la capacidad de succionar como por la capacidad de sentir placer con la succión e incluso como órgano de exploración – ya sabéis que los bebés se lo llevan todo a la boca para recibir información acerca de lo que han cogido), con el pecho de la madre. Hay quien ha llegado a llamar “placenta externa” al pecho de la madre, ya que una vez nace el bebé y se corta el cordón umbilical que le une a la placenta (interna), el bebé debe agarrarse al pecho para seguir alimentándose y para seguir unido al cuerpo que le ha gestado durante 9 meses, el de su madre.

Los niños que toman biberón tienen que cambiar el pecho materno por una tetina, perdiéndose dicho contacto piel con piel y alejando su cabeza y su cuerpo de los sonidos del cuerpo de su madre. Si tenemos en cuenta que los bebés que toman leche artificial se alimentan menos veces al día, porque tienden a estar 3 horas sin comer, entre toma y toma, podemos ver que el tiempo que están en brazos para ser alimentados es inferior que el tiempo que pasan con una madre que da el pecho. Si además tenemos en cuenta que no todos los biberones los da la madre, sino que muchas veces el padre u otros familiares se prestan a alimentar al bebé, el tiempo de contacto es menor todavía.

Por todo ello se concluye que los bebés alimentados con leche de fórmula tienen más difícil la consecución de un vínculo afectivo sólido con su madre, que es su principal cuidadora.

Fotos | Flickr – Alessandro Perilli, Szeto Clan, nateOne, Qole Pejorian
En Bebés y más | Los lácteos en la alimentación infantil: inconvenientes de la leche artificial (I), Los niños alimentados con leche de fórmula sufren más infecciones que los que toman pecho, La leche artificial no es estéril, La leche materna salva vidas, Lactancia materna o leche artificial: La confusión de las nuevas madres

Los lácteos en la alimentación infantil: inconvenientes de la leche artificial (I)

Bebes y mas - Mar, 29/06/2010 - 05:00

Tras varias entradas hablando de los diversos grupos de alimentos quedan pendientes los lácteos y sus derivados. A los más conocidos (leche, yogures, queso,...), habría que añadir uno que no suele tenerse en cuenta como derivado de la leche de vaca, pero que sí lo es, por ser leche de vaca modificada: la leche artificial.

Soy consciente de que hablar de leche artificial es entrar en terreno resbaladizo, básicamente, porque son muchas las mujeres que se sienten incomprendidas y casi perseguidas por haber dado (o tenido que dar) leche de fórmula a sus hijos, sin embargo considero enriquecedor y necesario explicar qué inconvenientes tiene alimentar a un bebé con este tipo de leche porque, igual que se habla de lo que supone alimentar a un bebé con leche materna debería hablarse también de qué supone alimentar a un bebé con leche artificial.

Tomar la decisión de dar leche artificial no suele ser fácil. Las madres que amamantan a sus hijos durante años sienten nostalgia cuando su hijo de mamar. Las mujeres que por alguna razón dejaron de dar el pecho cuando su hijo tenía meses explican que, si por ellas hubiera sido, le habrían dado más tiempo. Si ellas, que han podido dar el pecho un tiempo, tienen la sensación de pérdida, imaginad la sensación de aquella madre que ha intentado amamantar a su hijo y, por la razón que sea, ha fracasado en los primeros días.

Todavía hoy recuerdo a mi mujer, al nacer Aran, nuestro segundo hijo, con 34 semanas de gestación, incapaz de sostener el biberón porque los primeros días había que suplementar con leche artificial y materna: “Hazlo tú Armando, que yo no puedo”.

Con esto quiero decir que si escribo una entrada hablando de los inconvenientes de la leche artificial no es para que las madres que dan leche artificial se sientan atacadas. El objetivo es que se le otorgue a la leche materna el valor real que tiene (que es mucho), que los profesionales de la salud se den cuenta de ello y hagan todo lo posible por ayudar a las mujeres que quieren dar el pecho (centrando sus esfuerzos exclusivamente en ellas y no en convencer a las que deciden no amamantar), que la sociedad en general se de cuenta de que “dale un biberón que este niño se queda con hambre” no debería ser la solución a los llantos de un niño y que las mujeres embarazadas traten de informarse antes de parir, tomen una decisión al respecto y busquen dónde acudir, en caso de problemas, incluso antes de que éstos aparezcan.

La leche artificial en el mundo

En los países desarrollados la leche artificial tiene menos impacto en términos de salud que en los países en vías de desarrollo. Es por esta razón que la leche artificial es una buena opción cuando hay problemas de difícil solución con la lactancia o cuando un bebé de pocos días está perdiendo peso día tras día y necesita alimentarse hasta que se solucione el problema que evita que se esté alimentando correctamente y se restablezca la lactancia.

En los países en vías de desarrollo, sin embargo, son varios los problemas que pueden derivarse de alimentar a un niño con leche artificial:

  • La leche de fórmula es gratuita en los hospitales, sin embargo no lo es cuando la madre y el bebé vuelven a casa. La familia tiene entonces que comprar leche artificial para el bebé, cuyo coste puede ascender a un 50% o más de los ingresos familiares. Esto hace que, para que dure más, la preparación se haga más diluida y el bebé corra riesgo de malnutrirse.

  • Como el coste de la leche artificial es tan alto en comparación con los ingresos que reciben las familias, se empobrecen aún más, entrando en riesgo de malnutrición, no solo el bebé, sino también el resto de miembros de la familia.
  • La ausencia de beneficios inmunológicos en la leche artificial, la preparación en condiciones poco higiénicas y la ausencia de agua potable con la que preparar los biberones hacen que los niños alimentados con leche artificial tengan un riesgo 25 veces mayor de morir como resultado de diarreas y otras enfermedades. De hecho, la OMS estima que un millón y medio de lactantes mueren cada año porque no fueron amamantados.
  • Como las condiciones económicas e higiénicas de España son mejores, el riesgo para la salud es mucho menor. A continuación explicaremos cuáles son los riesgos e inconvenientes de alimentar a un bebé con leche artificial en países desarrollados como el nuestro.

    Inconvenientes para el sistema digestivo

    La leche artificial tiene peor sabor y éste no varía. La leche materna tiene un sabor cambiante según la alimentación de la madre, hecho que puede hacer que los bebés amamantados acepten mejor los alimentos cuando los empiezan a probar.

    Existe la creencia de que los alimentos fuertes otorgan un sabor desagradable a la leche materna que hace que los bebés la rechacen. Es posible que esto suceda con algunos alimentos, sin embargo se ha comprobado que los bebés cuyas madres han comido ajo, en un experimento, se cogen al pecho con más intensidad (vamos, que les gusta).

    La leche artificial se digiere peor que la materna. El estómago de los bebés tardan, de media, unas tres horas en vaciarse. Es por esta razón que estos bebés suelen comer cada tres horas (no porque tengan que comer cada tres horas, sino porque es cuando vuelven a tener hambre). La materna en cambio se digiere en la mitad de tiempo.

    Los bebés alimentados con leche artificial pueden sufrir un retraso en la eliminación del meconio y una mayor frecuencia de reflujo gastroesofágico.

    En caso de aspiración de la leche regurgitada (que el bebé la respire), los riesgos son mayores que si aspira leche materna, dado que ésta es específica del bebé humano y esto la hace menos dañina.

    El modo de alimentarse es diferente, ya que al tomar biberón no necesitan abrir y cerrar la boca apenas. Esto hace que el desarrollo de los músculos de las mandíbulas sea inferior, aumentando la frecuencia de maloclusión y caída dental.

    Mayor riesgo de infecciones

    El sistema inmunitario de los bebés al nacer es muy inmaduro, tanto, que la naturaleza tiene prevista una vacuna natural diaria vía oral, la lactancia materna.

    La lactancia artificial no aporta nada a nivel inmunitario. Comparándola con la leche materna, carece de células como los fagocitos, que engloban las bacterias, y linfocitos T, de IgA específicas y de agentes antimicrobianos como la lactoferrina, que impide que las bacterias utilicen el hierro como combustible. Carece de lisozima, de fibronectina y de mucina que actúa como agente anti-rotavirus, etc. Carece en definitiva de una gran número de células cuya función es ayudar al bebé a luchar contra las infecciones.

    En resumen se podría decir que el bebé alimentado con leche de fórmula tiene un mayor riesgo de infecciones porque el correcto desarrollo del sistema inmunitario depende de la leche materna. Se ha comprobado, por ejemplo, que la respuesta inmunológica cuando un niño es vacunado es superior en los bebés amamantados (las vacunas generan más defensas), que en los que toman leche artificial y que, además, tienen menos fiebre después de la vacunación.

    Los bebés que toman leche de fórmula tienen más diarreas y éstas son más graves, sufren más infecciones de vías respiratorias bajas (neumonías, bronquiolitis,...), más otitis medias agudas y más infecciones de orina.

    Esto hace que se generen más visitas médicas, más ingresos hospitalarios, un consumo mayor de fármacos por parte de estos niños y un mayor número de pruebas. Al haber más infecciones y, por lo tanto, más enfermedades, los padres se ausentan más del trabajo y, evidentemente, padecen más por sus hijos (no sé si habéis tenido alguna vez a un bebé ingresado en un hospital, pero es una de las situaciones más traumáticas que unos padres pueden llegar a vivir).

    Continuará...

    Dentro de un par de días seguiremos hablando de la lactancia artificial en los bebés y niños, ya que es un tema un poco extenso.

    Fotos | Flickr – Steve & Jemma Copley, Dawn Ashley, Daquella manera
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    El bebé de alta demanda, ¿nace o se hace?‏

    Bebes y mas - Lun, 28/06/2010 - 05:00

    Tras unas cuantas entradas hablando de bebés de alta demanda explicando sus características y algunas de las vivencias de los padres que hemos tenido bebés de este tipo quedaba pendiente hablar del origen de dicho comportamiento en los bebés.

    Por mi profesión visito a diario a varias madres y a varios bebés y tanto por observación como por lo que explican las mamás he encontrado, en alguna ocasión (pocas, a decir verdad), bebés que podrían considerarse de alta demanda.

    Una vez “avistados”, lo ideal es seguir observando su comportamiento en el tiempo para ver cómo evolucionan (a veces están muy nerviosos unos días por algún motivo y cuando éste se soluciona son bebés relativamente tranquilos) y preguntar a los padres cómo fue el nacimiento, los primeros días, cómo se comportaba el bebé, etc. De este modo es posible saber, en cierto modo, si el bebé de alta demanda nace, o bien se hace.

    El bebé de alta demanda nace

    Estoy prácticamente seguro de que los bebés de alta demanda son así porque es su carácter, porque son más sensibles, necesitan más contacto, más movimiento…

    Para hacer esta afirmación me centro en aquellos bebés cuyas madres explican que “ya desde el primer día era así” o que los primeros días estaba un poco adormilado pero enseguida empezó a expresar sus necesidades.

    El caso más llamativo es el de unas gemelas, que ahora tienen cuatro meses, que ya desde el primer día demostraron ser muy diferentes. En la primera visita, cuando apenas tenían 8 días, entraron una junto a la otra en su cochecito gemelar y, mientras una de ellas dormía tranquila, la otra gemía y se removía “como un garbanzo en la boca de un viejo”.

    En visitas posteriores la niña mostraba siempre un comportamiento similar y los mismos padres explicaban que “son la noche y el día” y que, mientras una prácticamente se duerme sola y queda rezagada esperando su turno, la otra demanda brazos y alimento como si sólo existiera ella.

    El bebé de alta demanda se hace

    Sin embargo, también he podido observar a niños y niñas cuyos padres te explican que son muy demandantes, que lloran muy a menudo, que sólo se calman en brazos, que no pueden estar con otra persona que no sea mamá o papá ni un instante o que el sólo hecho de perder de vista a la madre unos segundos genera un drama de proporciones desmesuradas, cuyos primeros meses parecían ser más tranquilos o en los que observas que podría haber una relación causa-efecto entre el modo de actuar de la madre y el comportamiento del bebé tiempo después.

    Con esto me refiero a que he podido ver a bebés muy vinculados con sus madres, incapaces de separarse de ellas y que podrían ser considerados de alta demanda, cuyas madres han explicado, por ejemplo, que al ser prematuro empezaron a hacer el método canguro, que han seguido haciéndolo hasta ahora, pese a que ya podría considerarse un niño a término de más de tres meses y que llora mucho si no está con la madre. O el caso de otra madre cuyo bebé, diagnosticado de displasia de cadera, explica que lleva a su bebé siempre colgado en una mochila para que las piernas le queden bien abiertas y que eso parece haber provocado que siempre quiera estar en brazos, que se despierte a menudo para ver si mamá está cerca, etc.

    La duda ante este tipo de casos es saber si estos bebés y otros en situación similar habrían sido bebés de alta demanda igualmente.

    El diagnóstico es indiferente

    En cualquier caso, como ya he dicho en otras ocasiones, si un bebé demanda brazos, quiere alimentarse a menudo y se despierta varias veces por la noche (y todo aquello que puede llegar a pedir un bebé de alta demanda), la actuación de los padres debe ser la misma, ya sea considerado de alta demanda o no: satisfacer las necesidades de su bebé.

    Es indiferente decir que un bebé es de alta demanda porque nació así o que es de alta demanda porque al cogerlo mucho en brazos ha creado un vínculo muy férreo con su madre (o padre), porque el diagnóstico sólo es útil para los padres, para entender que el comportamiento de su hijo es normal, pese a ser diferente de la mayoría de niños y para entender que necesita que sus necesidades sean tenidas en cuenta, como todos los niños.

    Conclusión

    El bebé de alta demanda nace, pero también se hace. Haciendo una analogía entre los bebés y las plantas, podríamos decir que los bebés que nacen siendo de alta demanda son como las plantas que, nada más brotar, se enroscan en el palo que, clavado junto a ellas, les sirve de guía.

    Los bebés que “se hacen de alta demanda” serían las plantas que nacen paralelas a dicho palo, que son atadas al brotar con bridas para ofrecerles una guía y que, poco a poco, se aproximan a él hasta enrollarse de igual modo.

    Los bebés con un comportamiento menos demandante, más habitual, serían aquellas plantas que crecen de un modo paralelo al palo, cerquita, con momentos en que se enrollan a él y momentos en que vuelven a separarse (aunque también podrían enrollarse al brotar para soltarse enseguida, o ser cogidas con bridas al principio para separarse del palo en cuanto cesa la sujeción, o…).

    Lo bueno del asunto es que, si observamos los tres tipos de plantas crecer con el tiempo, llegará un día en que sobrepasarán al palo y seguirán su camino sin su ayuda, es decir, los bebés que parece que nunca se separarán de sus padres, un buen día, al crecer, demostrarán que el tiempo no ha pasado en balde y que todo el tiempo de contacto intenso les ha servido para madurar y ser capaces de seguir su camino por sí solos.

    Fotos | Flickr – memecode, TheGiantVermin
    En Bebés y más | Qué supone tener un bebé de alta demanda‏, Bebés de alta demanda: características (I), (II) y (III), Bebés de alta demanda: cómo nace el término, Bebés de alta demanda: cuando viajar en el coche es misión imposible

    Carlos González habla acerca de coger a los niños en brazos

    Bebes y mas - Dom, 27/06/2010 - 05:00

    Hace escasas semanas hablamos de uno de los temas más “candentes” de la crianza de los bebés, el cogerlos o no en brazos por si se acostumbran. Siguiendo el hilo de dicha entrada os traigo hoy un extracto de una entrevista a Carlos González realizada en el portal Criatures.cat en el que habla de este tema.

    La entrevista está en catalán, pero subtitulada al castellano y, aunque es breve, explica lo suficiente para hacernos una idea de su manera de ver la crianza y de su manera de pensar al respecto, muy similar a la que defendemos en Bebés y más.

    Malacostumbrarse es acostumbrar a algo malo

    Carlos González tiene la habilidad de explicar las cosas de manera que digas: “coño, si es de sentido común”. Bueno, quizás no sea habilidad y simplemente explica cosas que son de sentido común. Como comenta en la entrevista, malacostumbrar podría definirse como acostumbrar a un bebé a hacer algo malo o acostumbrarle a recibir un trato no adecuado.

    Acostumbrarse a llorar porque alguien ha decidido que no debe cogerte es algo negativo para un bebé, porque los bebés utilizan el llanto, precisamente, para solicitar lo que necesitan. Si estar en brazos de sus padres es una necesidad y el llanto es el mecanismo de llamada, los padres deberían coger al niño en brazos si llora para satisfacer dicha demanda.

    ¿Entonces hay que cogerlo siempre que llora?

    “A ver, siempre, siempre, siempre, en este mundo es imposible”. Como explica, a un niño que llora hay que cogerlo siempre que se pueda y sea eso lo que quiera. Si llora porque te estás duchando y quiere estar contigo, pues es evidente que no podrás cogerlo, si llora porque está intentando salir al balcón pero no quieres que salga porque hace frío y lo coges, lo más probable es que se enfade aún más por cogerlo en brazos, porque lo que él quiere no es eso, sino que le abras la puerta.

    Dicho de otro modo, a los niños hay que darles aquello que necesitan si no es peligroso o nocivo para ellos. Los brazos de papá y mamá no son peligrosos ni nocivos, sino todo lo contrario, son el resguardo que un bebé necesita, precisamente, cuando ha sentido peligro.

    No hace falta acostumbrarles a vivir sin brazos

    “Si se acostumbra a estar en brazos, luego no querrá vivir sin ellos”. Más o menos así es la frase típica que se suele decir. Si le damos la vuelta a esta frase deberíamos decir que, para que un niño pueda vivir sin pedir los brazos de sus padres, deberíamos acostumbrarles a no ser cogidos.

    Lo curioso es que, como explica Carlos González, si ponemos ante nosotros a dos niños de 6 años, criados de un modo diferente, uno de ellos con tantos brazos como ha querido y el otro siendo acostumbrado desde pequeño a vivir sin ellos, nadie verá una diferencia en cuanto a necesidad de brazos porque ninguno de los dos pedirá ni querrá los brazos de su padre o su madre.

    En pocas palabras, no es necesario enseñar a no pedir brazos, porque cuando un niño crezca, simplemente, dejará de necesitarlos.

    Los brazos de papá y mamá no son un capricho, son una necesidad afectiva, son un abrazo, son amor, cariño y caricias, son la seguridad en momentos de crisis, son el sustento cuando el cansancio arrecia, son besos que llegan por todas partes, son el descanso del guerrero, son…

    Si de pequeño, cuando sí pedía ir en brazos y sí pedía que le hicieras caso todo el rato no le hacías caso y le dejabas llorar, bueno, eso que se ha perdido y eso que te has perdido tú como padre.

    Foto | Flickr – geishaboy500
    En Bebés y más | “No lo cojas en brazos, que se acostumbra”, Carlos González explica cómo se ha de iniciar la alimentación complementaria, Carlos González explica hasta cuándo amamantar a un bebé, Carlos González y “Un regalo para toda la vida”, “Deberemos cambiar totalmente nuestro sistema productivo”. Entrevista a Carlos González

    Diez consejos para los bebés en verano

    Bebes y mas - Vie, 25/06/2010 - 14:54

    Así como hemos dado consejos para la embarazada en verano, queremos hoy ocuparnos de los más pequeños, quienes también requieren cuidados especiales en esta época del año. Por eso, reunimos en estos diez consejos para los bebés en verano aquellas cosas que debéis tener en cuenta en los meses estivales.

    1) Mantener al bebé hidratado

    Los bebés son más vulnerables a la deshidratación que los adultos dado que la proporción de agua en su cuerpo es mayor y su equilibrio más débil. Una excesiva pérdida de líquidos puede tener graves consecuencias para su organismo, es por ello que hay que tener especial precaución en verano.

    Si toma pecho no hace falta darle agua, pero es recomendable aumentar la frecuencia de las tomas. Si toma biberón habría que ofrecerle agua mineral para reforzar las tomas. Otras recomendaciones a seguir son: mantener su piel hidratada, vestirlo con ropa fresquita, cubrirle la cabeza, no exponerlo al sol durante las horas centrales del día y ofrecerle alimentos frescos, como por ejemplo las refrescantes frutas de verano.

    2) Disfrutar de los juegos al aire libre

    El juego es la esencia de la infancia, y si es al aire libre, además de aprender, desarrollarse y entretenerse disfrutan de todo lo que la naturaleza tiene para ofrecerles. La playa, la piscina, el parque, la montaña son los mejores espacios para el juego al aire libre de los niños.

    El buen tiempo que ofrece el verano propicia momentos de esparcimiento y diversión. Aparte, siempre con precaución, la exposición al sol es una excelente fuente de vitamina D, que favorece la absorción del calcio y mejora la salud ósea de los pequeños.

    3) Extremar la precauciones de seguridad

    Siempre que hay agua y niños, toda precaución es poca. El riesgo de ahogamientos en verano es muy alto. No es por asustar a nadie, pero en verano hay que extremar las precauciones de seguridad en piscinas y en el mar.

    Los bebés no deben quedar sin vigilancia ni por un segundo, si váis a la playa o a sitios con mucha gente es conveniente colocarles una pulsera de seguridad con el número de teléfono de los padres. También es importante tener en cuenta los riesgos de los manguitos, los flotadores y demás juguetes hinchables.

    4) Flexibilizar las rutinas

    El verano, especialmente las vacaciones de verano, son la época ideal para descansar en familia y olvidarse de horarios y de rutinas. Si somos más flexibles, tanto en esto como con respecto a los deseos del bebé, los días de vacaciones serán disfrutados por todos por igual. Que no pasa nada porque un día el bebé no se bañe o no duerma la siesta a la hora que lo hace habitualmente.

    5) Protegerlo del sol

    La piel del bebé es extremadamente sensible a las radicaciones solares. Es imprescindible protegerlo del sol con sombreros, gafas de sol para evitar problemas oculares, ropa transpirable y por supuesto, crema con factor de protección solar. Debe usarse el fotoprotector más adecuado para su tipo de piel, siendo el recomendado para los bebés una protección no menor de FPS 20 e idealmente de 40 o 50.

    Tan importante como elegir la protección solar más adecuada es aplicar correctamente la crema solar al bebé, siempre 30 minutos antes de la exposición al sol y evitando las horas de sol más directo.

    6) Buena alimentación

    Es probable que durante la época de verano el niño tenga menos apetito o coma menos de lo habitual. Como nos sucede a los adultos, el calor no nos da ganas de grandes comilonas. Estar bien alimentado no significa alimentarse mucho, sino adecuadamente. No te preocupes si no ingiere primer plato, segundo plato y postre. Se pueden suplantar comiendo más veces al día y por supuesto, bebiendo mucho líquido.

    Hay que respetar al bebé si quiere comer menos, pero es importante mantener una alimentación variada, rica en frutas, verduras y cereales que ayudarán a mantenerlo hidratado y con energía. Aprovecha las frutas de temporada para prepararle zumos o batidos y cambia las comidas copiosas por otras más frugales.

    Si el bebé tiene menos de seis meses y aún no se le ha introducido la alimentación complementaria, como hemos dicho más arriba las tomas del pecho deberían ser más frecuentes y las de biberón reforzadas con agua mineral.

    7) Evitar intoxicaciones alimentarias

    En verano aumentan las posibilidades de sufrir una intoxicación alimentaria pues las bacterias proliferan con el calor. Por eso, hay que cuidar que los alimentos no pierdan la cadena de frío y extremar las precauciones en el transporte y almacenaje de la comida del bebé.

    No es conveniente llevar el alimento del bebé a la playa o la piscina si no es en una conservadora de frío. Hay que aumentar las medidas de higiene a la hora de prepararlos, así como escoger alimentos siempre frescos y lavarlos muy bien.

    8) Evitar un golpe de calor

    Los bebés son más proclives a sufrir un golpe de calor debido a que su mecanismo de regulación corporal es aún inmaduro. El golpe de calor es la consecuencia de la exposición a temperaturas muy altas y necesita atención urgente para intentar bajar la temperatura corporal, además de tratamiento médico.

    Para evitarlo, hay que proteger al bebé del rayo de sol directo, cubrir siempre su cabeza con una gorra, evitar las horas de más calor del día, permanecer en un lugar fresco, beber agua y tomar alimentos frescos. Y por supuesto, nunca dejar al bebé en el coche a pleno sol.

    9) Prevenir una otitis

    El verano es la época propicia para que el niño sufra una otitis “de piscina”, llamada así porque la humedad y el calor son el caldo de cultivo para que se produzca una inflamación en el conducto externo del oído provocada por hongos y bacterias.

    Para evitarla hay que recordar algunas sencillas medidas como secar bien las orejitas después del baño en la piscina o en el mar y mantenerlas siempre limpias y secas. Si fuera necesario, porque el bebé es muy propenso a las otitis, se le pueden colocar tapones de cera para proteger los oídos del agua.

    10) Dedicarles tiempo

    Por úlitmo, un consejo para los padres. Disfrutad de vuestros bebés y permitidles a ellos disfrutar de vosotros. Por lo general, el ritmo frenético de la vida cotidiana desciende en verano y las familias suelen tomarse unos días de vacaciones. Ya sea que tengáis la suerte de hacer un viaje o no, aprovechad a pleno las buenas condiciones que ofrece el verano para pasar tiempo de calidad con vuestros hijos y recuperar el tiempo perdido a lo largo del año.

    Foto | jonny2love en Flickr
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    "No lo metas en tu cama, que se acostumbra"

    Bebes y mas - Vie, 18/06/2010 - 09:00

    Ya hablamos hace unos días de los acostumbramientos o desacostumbramientos al mencionar el tema de los brazos (“No lo cojas, que se acostumbra”). Hoy quiero entrar a hablar de otra de las conductas más censuradas en la sociedad como es meter al bebé o al niño en la cama de los padres, para evitar que se acostumbre.

    En diversas ocasiones he explicado que mis hijos duermen conmigo en la cama. No es algo que vaya explicando al primero que me encuentre en cuanto tenga oportunidad, pero si hablamos de sueño, de camas o cosas similares, no escondo que duermo en la misma cama que mi mujer y mis hijos.

    En muchos casos la gente no hace comentarios al respecto, ya que respetan mi decisión, sin embargo en otros casos (y pese a que yo no le digo a nadie dónde tiene que dormir su hijo), raudos y veloces, me advierten de lo mal que lo estoy haciendo ya que “se acostumbran y luego no podrás sacarlos nunca“ y me insisten en que “los niños tienen que dormir en su cama”.

    Se acostumbran a lo que viven a diario

    Los bebés, los niños y los adultos nos acostumbramos a lo que vivimos a diario. Es decir, si metemos a un niño en nuestra cama, se acostumbrará a dormir así. Si lo ponemos a dormir en una cuna, se acostumbrará a dormir en una cuna y si cuando ya es mayorcito lo ponemos a dormir en su cama en su habitación se acostumbrará a dormir en su cama, en su habitación.

    Esto no quiere decir que el niño que metemos en su cama vaya a dejar de despertarse, ni que vaya a dejar de llamar a papá o mamá, ni siquiera quiere decir que en mitad de la noche un niño no hará viajecitos a la habitación de los padres para que le dejen dormir con ellos.

    Ellos se acostumbran a dormir solos si es lo que queremos, pero la costumbre no sabe de necesidades y, mientras unos tardan muy poco en acostumbrarse a algo, otros tardarán probablemente mucho más. La diferencia radica en una cuestión de necesidades. Si a un niño le acostumbramos a lo que quiere, no hará falta apenas esfuerzo para lograrlo, sin embargo, si luchamos contracorriente, tratando de acostumbrarlo a algo que no necesita, el esfuerzo será mucho mayor.

    Para explicarlo más gráficamente, cuando te dicen que debes evitar meterlo en la cama contigo la frase es “como lo metas una vez, querrá dormir siempre con vosotros” y normalmente es así, porque cuando pones a dormir a tu hijo en la cama estás haciendo lo que necesita, lo que pide y con lo que disfruta. Sin embargo, cuando alguien intenta que su hijo duerma solo, sin los padres, son necesarios muchos más intentos, precisamente, porque se actúa contra lo que el niño necesita que suceda. Por eso nadie dice nunca “no lo pongas a dormir solo que como lo hagas una vez ya no querrá dormir nunca más con vosotros”.

    Que no se acostumbre a dormir con papá y mamá, pero sí con “Pepito”

    Si habéis leído el libro del método Estivill o similares, os daréis cuenta de lo absurdos que son algunos de los consejos que ofrecen.

    Según comentan, lo ideal es que los niños aprendan a dormir sin la presencia de un adulto y que durante la noche no requiera su presencia (vamos, que aunque se despierte no llame a papá ni a mamá). Es decir, el objetivo es que el niño aprenda a dormir solo.

    Para ello se promueve la eliminación de cualquier elemento que requiera la presencia de un adulto, como un biberón, el pelo de mamá, mamá, etc. a la hora de dormirse. Claro, si el niño se duerme con algún objeto que, al irnos desaparece, le estaremos acostumbrando a algo que, en el momento de despertarse solo en su habitación, ya no estará.

    Es por eso que se sugiere ofrecer al niño objetos propios que sigan ahí toda la noche: un póster o un dibujo en la pared, muchos chupetes para que si se despierta sin él agarre uno, un móvil en la cuna y a Pepito. Se trata de un peluche, elegido por los padres (según se comenta el peluche debe ser escogido por los padres y no por el niño, porque “no podemos permitir que sea el niño el que diga cómo se hacen las cosas”), que le acompañará en las noches.

    Se hace una advertencia de que es posible que el niño rechace a Pepito los primeros días (normal, si no se le ha dejado escoger), pero que después, tras unos días, el niño se dará cuenta de que, al despertarse “a las tres de la mañana, su ‘fiel’ amigo seguirá allí y, aunque no sea mamá o papá, estará a su lado y no lo abandonará en ninguna circunstancia”, lógico si tenemos en cuenta que es un peluche, incapaz de decidir si quiere irse o quedarse.

    En resumidas cuentas, se pretende a diestro y siniestro evitar que los niños duerman con sus padres para que no se acostumbren y sin embargo se potencia que se acostumbren a un peluche.

    Curiosamente, hay pocos niños de 6 o 7 años que necesiten a su madre para dormir y sin embargo sí hay unos cuantos que siguen aferrados a su peluche.

    Curiosamente, hay pocos adultos que necesiten a su madre para dormir y sin embargo sí hay unos cuantos que necesitan su almohada o algún elemento clave que les haga sentir bien.

    ¿Qué necesita un niño?

    Lo importante no es valorar si es bueno o malo acostumbrarse a algo, sino valorar qué es lo que necesita. Todas las personas del mundo necesitan sentirse seguros en el entorno en el que estén ya que, si sienten que algo no va bien o que hay posibilidad de algún tipo de peligro, dormir y descansar puede ser muy difícil.

    Los niños, por su inexperiencia, no suelen ser capaces de sentirse seguros si están solos. No es que tengan un miedo determinado a algo, sino que simplemente no quieren estar solos, porque así no se sienten seguros. De esto se deduce que lo que un niño necesita es compañía. Por eso soy un firme defensor del colecho o de la cohabitación, de permanecer junto al niño en su cama hasta que se duerma y acudir siempre que llame o bien de permitir que acuda a la cama de los padres si por la noche necesita hacerlo.

    Si en cambio un niño duerme plácidamente en su cama y de ese modo ya se siente seguro y no necesita del contacto de sus padres no hay necesidad de ponerlo a dormir en la misma habitación de los padres ni en la misma cama (aunque si los padres quieren y el niño lo acepta no hay ningún problema en hacerlo).

    Resumiendo

    El “se va a acostumbrar” o el “haz esto para que se acostumbre” son frases muy comunes que hacen que se corra el riesgo de no dar a un bebé lo que necesita verdaderamente.

    Lo cierto es que es lógico pensar que, si se da a un bebé lo que necesita, se acostumbra a ello. Es como los adultos cuando llenos de amor deseamos compartir cientos de momentos con nuestra pareja. ¡Es tan fácil acostumbrarse a estar con ella!, sin embargo, si nos dice que se tiene que marchar unos días, seguro que cuesta mucho más acostumbrarse a estar sin ella, ¿no?

    Fotos | Flickr – iandeth, inferis, katharina72, Karen Sheets
    En Bebés y más | “No lo cojas en brazos, que se acostumbra”, Ser papá: reflexiones sobre el colecho, Cómo practicar el colecho de manera segura y sin riesgos

    Jugar con el bebé según su estado de ánimo

    Bebes y mas - Mié, 16/06/2010 - 12:18


    Los juegos por la noche de mi marido con mi bebé, cuando él tiene ganas de jugar con ella porque no la ha visto en todo el día y ella sólo quiere irse a dormir, me han motivado a escribir este post. No es un ataque a mi marido, que bastante sufre por casi no verla en la semana, sino una reflexión con la que posiblemente os sintáis identificados. Creo que hay que jugar con el bebé según su estado de ánimo.

    Hay que respetar al bebé como a cualquier otra persona, ya sea un niño o un adulto. Deberíamos adaptar los juegos a su estado de ánimo en cada momento. Como nos sucede a todos, el bebé tiene sus momentos para cada cosa. Le gusta jugar, pero a lo mejor no está dispuesto a hacerlo a cualquier hora del día. Cuando tiene mucho sueño, lo más probable es que sólo quiera dormir, y aunque nos haga una sonrisa cumplidora, lo que quiere es que le arropen y descansar.

    Por la noche, después de su baño, su sesión de masajes y su comida, lo que suele querer es dormir, o si no lo vemos por la labor de todas formas le proporcionamos un clima tranquilo que propicie al sueño. Los bebés, a diferencia de la mayoría de los adultos, pueden cambiar de estado de ánimo de un momento a otro. Con lo cual, si lo excitamos con juegos enérgicos y animados a la hora de dormir, puede que los acepte de buena gana pero se irá a dormir alterado.

    Ser un compañero de juegos es cosa de dos. Tanto el adulto como el bebé tienen que disfrutar de la compañía mutua. Si el bebé se siente con ganas de jugar de forma enérgica, con revolcones, risas y cosquillas, perfecto. Disfrutará de jugar con su propio cuerpo y de descubrir nuevas sensaciones y habilidades.

    Ahora bien, cuando el niño esté tranquilo querrá un juego más sosegado. Sino se asustará o se sentirá “maltratado”. A nadie le gustan unas cosquillas cuando no se está de ánimo para ellas. Si el bebé está mimoso, querrá descansar en unos brazos afectuosos, y cuando se sienta cansado o hambriento lo que querrá será dormir o ser alimentado.

    El juego debe ser una experiencia gratificante para el bebé, pues a través de él se entretiene, pero también aprende, interactúa con su entorno y se relaciona con los demás. Respetar sus estados de ánimo a la hora de jugar es también una forma de atender sus necesidades emocionales.

    Foto | jessicafm en Flickr
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    El bebé tiene displasia de cadera

    Bebes y mas - Vie, 11/06/2010 - 13:30

    Antes se la llamaba luxación congénita de cadera y ahora la conocemos por el nombre de displasia de cadera o displasia evolutiva o del desarrollo de la cadera.

    Es una de las malformaciones de los miembros inferiores más frecuentes en los recién nacidos. Se da en aproximadamente tres de cada mil niños, es más común en niñas y, dato curioso, más en la cadera izquierda que en la derecha.

    Para detectarla, el pediatra controla la posición de las caderas del bebé en los primeros cheques después del parto y en las revisiones médicas de rutina.

    La displasia de cadera consiste en un desarrollo anormal de la articulación que hay entre la cabeza del fémur y la cavidad de la cadera, provocando un desplazamiento hacia afuera de la cabeza del fémur, el hueso superior de la pierna.

    Cuando la cabeza del fémur y la cavidad donde debe alojarse no encajan perfectamente, el hueso tiende a salirse de la cadera de forma intermitente, pero en los casos más graves el hueso se coloca fuera de su posición natural de forma permanente. Es lo que se conoce como cadera luxada.

    El por qué se produce la displasia de cadera en el bebé no está del todo claro, pero se barajan algunas posibles causas como la mala postura del feto en el útero materno, un bajo nivel de líquido amniótico, antecedentes familiares, un embarazo postérmino, el nacer por cesárea o que se haya producido la dislocación durante el parto.

    También se consideran factores predisponentes un peso elevado del bebé, la posición de nalgas, que sea el primer hijo, un embarazo múltiple, hipertensión arterial materna y la macrosomía del bebé.

    Maniobras de Ortolani y de Barlow

    Son las maniobras que se realizan para detectar la displasia de cadera. Consisten en una serie de movimientos que realiza el pediatra flexionando y abriendo con delicadeza las piernas del bebé.

    Se realizan con el niño tumbado boca arriba y lo más relajado posible. Se hace primero en una cadera y luego en la otra.

    La maniobra de Ortolani permite comprobar si hay luxación realizando rotaciones de la articulación, mientras que la maniobra de Barlow permite comprobar si hay posibilidad de que se pueda producir una luxación.

    La mitad de los casos de displasia de cadera se detectan en el período neonatal gracias a estas maniobras.

    El pediatra también observa la forma de los pliegues de la pierna del bebé. Es un signo menos preciso a estas edades, pero una asimetría de pliegues podría ser sospecha de una displasia de cadera.

    Si al realizar las maniobras el médico cree que puede haber luxación, se realiza una ecografía para confirmar el diagnóstico.

    El diagnóstico de la displasia de cadera

    El diagnóstico precoz es fundamental en estos casos pues posibilita un tratamiento más eficaz antes de que el bebé comience a gatear y a ponerse de pie.

    A partir de los tres meses del bebé, las maniobras antes mencionadas son prácticamente negativas en todos los casos, por lo que se recurre a la observación de otros signos como la asimetría de pliegues o si hay acortamiento de una de las extremidades.

    Aunque son los menos, en algunos casos, hasta que el niño no empieza a andar no se detectan síntomas de la dislocación a pesar de haber dado negativo en las revisiones pediátricas.

    Un retraso en el inicio de la marcha, cojera al andar o una forma de caminar inestable (más inestable de lo normal en un bebé que empieza a andar) puede indicar una dislocación.

    Si no se trata la displasia de cadera antes de que el niño empiece a caminar, puede dar lugar a problemas más graves como una cojera irreversible, lesiones en los huesos, asimetría de las piernas o artrosis precoz de cadera.

    El tratamiento de la displasia de cadera en el bebé

    Antes de los seis meses, no es necesario que se traten ortopédicamente todos los casos. Los recién nacidos con maniobras positivas deben ser vueltos a explorar en revisiones posteriores. Si la sospecha persiste, se deberá confirmar y ser tratados.

    Los tratamientos varían en función de la gravedad del caso y de la edad del niño. En los más leves se recomienda un tratamiento postural como por ejemplo llevar al bebé a horcajadas y que duerman boca arriba con las piernas abiertas para intentar que el hueso vuelva a colocarse naturalmente en su sitio.

    En la medida en que la enfermedad se agrava se suelen utilizar determinados tipos de prótesis blandas o más rígidas u otros tratamientos como el arnés de Pavlik, que consiste en unas correas que mantienen las caderas en flexión de cien grados para reducir la luxación.

    Si aún con tratamientos ortopédicos no se corrige la luxación, la cirugía puede ser la última solución.

    Más información | Asociación Española de Pediatría, Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria
    Foto | Amy L. Riddle y yoshimoven Flickr
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    1,5 millones de bebés se salvarían al año si fueran amamantados

    Soitu Bebes - Mar, 27/10/2009 - 15:28
    Cada vez más madres optan por la lactancia materna, aunque es una toma de conciencia 'lenta' y aún hay barreras, principalmente sociales, que dificultan esta práctica saludable que salvaría la vida de 1,5 millones de bebés cada año si fueran amamantados por sus madres.

    Muere un bebé en Málaga por malos tratos de sus padres, que ingresan en prisión

    Soitu Bebes - Sáb, 24/10/2009 - 21:06
    Un bebé de dos meses ha fallecido hoy y su hermano mellizo está hospitalizado como consecuencia de las múltiples lesiones que presuntamente les han provocado sus padres, de nacionalidad rusa y con domicilio en Benalmádena (Málaga), que han ingresado en prisión acusados de un delito de malos tratos.

    Fallece un bebé en Málaga por supuestos malos tratos de sus padres

    Soitu Bebes - Sáb, 24/10/2009 - 13:58
    El bebé que se encontraba ingresado en el Hospital Materno Infantil de Málaga, junto a su hermano mellizo, y que presentaba lesiones cerebrales por supuestos malos tratos causados por sus padres, falleció al mediodía de este sábado, según señalaron a Europa Press fuentes de este centro sanitario.

    La biblioteca de Talavera exporta al resto de la región su actividad con bebés

    Soitu Bebes - Sáb, 10/10/2009 - 13:28
    La biblioteca de Talavera exporta desde hace dos años a otras bibliotecas de la región sus sesiones de bebeteca, una iniciativa que surgió hace cinco temporadas con el objetivo de crear ese primer vínculo entre el bebé y los libros con los padres como parte activa del encuentro.
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